El futuro NO es digital

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Cada cierto tiempo alguien me dice, con total seguridad, que el futuro es 100% digital. Que lo físico está condenado. Que en unos años nadie va a querer tocar nada que no sea una pantalla.

Y cada vez que me lo dicen, pienso en lo mismo: en la pandemia. Ese momento en que el mundo entero se volvió digital de golpe, forzado, sin opción. ¿Y qué pasó apenas pudimos salir? Corrimos a abrazarnos, a comer en restoranes con garzones de verdad, a comprar discos de vinilo, a hacer fila para un concierto. El experimento más grande de la historia de «vivamos todo digital» terminó demostrando exactamente lo contrario de lo que se suponía que iba a demostrar.

Bueno, Sony acaba de hacer su propio experimento, sin querer.

En julio anunciaron que desde enero de 2028 dejan de fabricar discos físicos para PlayStation. La justificación oficial: «las preferencias de los consumidores se mueven hacia lo digital». Y en parte es cierto, el software se compra mayoritariamente en digital. Pero mira el dato que nadie de Sony quiere que mires: el 82% de las PS5 vendidas en Estados Unidos vienen con lector de disco. No con la versión sin disco, más barata. Con lector. La gente paga más por tener la opción física, aunque después compre el juego en digital.

¿Y qué pasó cuando anunciaron el fin del disco? Una petición con más de 100 mil firmas. Tiendas como GAME diciendo públicamente que la medida «es negativa para los jugadores, para las tiendas y para los trabajadores del sector». Desarrolladores diciendo que el disco físico «es el alma de los videojuegos» (con perdón de la solemnidad, pero algo de razón tienen). Una campaña completa, Don’t Kill the Disc, armada en días.

Ese es el patrón que se repite una y otra vez y que seguimos sin aprender: mientras más digital se vuelve el mundo, más deseamos lo tangible. No es nostalgia de viejo (aunque algo de eso también hay, no nos mintamos). Es que lo físico resuelve algo que lo digital no puede: coleccionar, prestarle un juego a tu hermano, revender lo que ya no usas, tener una estantería que cuenta quién eres. La conexión emocional con un intangible es carísima de construir. Con un objeto, es gratis, viene incluida.

Y para rematar la insensatez: en la mayoría de los casos, la versión física cuesta exactamente lo mismo que la digital. O sea, le estás pidiendo al consumidor que pague lo mismo por menos derechos. Ese es el caldo de cultivo perfecto para que una decisión de «eficiencia» termine en crisis de reputación.

El futuro no es digital. Tampoco es físico. Es híbrido, con el consumidor eligiendo según el momento, el vínculo y el ritual que quiere vivir.

La próxima vez que alguien te diga que el futuro es digital, cuéntale lo que le pasó a Sony.

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